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(Pastor Lolo Honolulu, Montreal)

En la Biblia se nos cuenta, historia tras historia, que la poderosa presencia de Dios sobre su pueblo durante las batallas, siempre los llevaba a la victoria. Hizo que Moisés extendiera su mano sobre el mar para que el pueblo de Israel pasara, sobre la tierra seca, en medio del Mar Rojo [Éxodo 14: 21-22]. Los enemigos se destruyen cuando el pueblo de Dios deposita su confianza en el Señor [2 Crónicas 20].  David venció al filisteo, solo con una honda y una piedra, en el nombre de Jehová. [1 Samuel 17: 40-50].

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”. [1 Juan 5: 4].

 ¿Cómo sabemos que somos nacidos de Dios?

Las Escrituras afirman claramente que [1 Juan 5: 1] “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.”

Y si usted ha nacido de Dios, entonces SU deseo es que experimente una vida en victoria. “Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” [1 Corintios 15:57]

 Jesús – Nuestro Gran Maestro.

Hace más de dos mil años Jesús entró victorioso en la Tierra. De un lugar a otro, enseñó a la gente,  hizo señales y maravillas; además, de  resucitar a los muertos.

Jesús enseñó a sus discípulos cómo tener la victoria sobre el pecado y la muerte, llevándolos a través de su ejemplo: ¡Jesús hizo y enseñó!

¿Por qué fue Jesús un maestro de tal magnitud?

La razón es que el mismo Jesús fue enseñado por el Espíritu Santo. Sólo el Espíritu Santo puede guiarnos a través de la verdad.

¡Necesitamos al Espíritu Santo para venir a Jesús! Aquellos a quienes Jesús sea revelado por el Espíritu Santo tendrán vida eterna con el Padre [Juan 5: 39-40]

 El poder del Espíritu Santo.

Jesús nunca hizo señales y maravillas por su propia cuenta, mientras caminaba por la Tierra. Él siempre actuó guiado por el Espíritu Santo: Él echó fuera demonios por el Espíritu Santo. Jesús sanó a los enfermos por el Espíritu Santo. ¡Se levantó de nuevo por el Espíritu Santo en el tercer día después de su crucifixión!

Nosotros, los hijos de Dios, somos también templo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo vive en nosotros. Llevamos el Espíritu Santo a medida que caminamos en la Tierra. Y nos enseñará sus caminos, para que podamos andar por ellos.

Podemos y debemos realizar milagros y maravillas, porque el Espíritu Santo mora en nosotros.

 El poder de revelación de Jesús.

El Espíritu Santo nos habla a través de la Palabra de Dios. Tanto Jesús, como la Biblia, son la Palabra de Dios. Tenemos que acercarnos a la Biblia como un manual de vida que nos enseña quién es Dios y cómo vivir una vida victoriosa en la Tierra. Tenemos que saber de lo que nuestro Dios es capaz, de modo que las mentiras del enemigo sean expuestas en esta generación.

El Señor revela su gloria a todo aquel que la pide y la busca diligentemente. El Apóstol  Pablo nos da esta revelación: ” Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. ” [Hechos 20:32].

¡Creer, y saber que Él es Dios!

¿Qué es la santificación?

Cuando Jesús vino a los discípulos, ellos tuvieron que pagar un precio por ser santificados para ver su gloria. Si usted desea ver su gloria, tiene que ser santificado. La santificación significa ser apartado para Dios, ser uno con Jesús para que el Espíritu Santo que lo controlaba nos controle también a nosotros.

¿Cómo nos apartamos para que la obra del Espíritu Santo sea en nosotros?

Pues debemos subir a la montaña en la que, como está escrito:

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido a corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.” [1 Corintios 2: 9]

La gente de muchas naciones vendrán y dirán: “Venid, subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob. Él nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. La enseñanza del Señor saldrá de Sion; su palabra saldrá de Jerusalén”. [Isaías 2: 3]

¿Cómo ascender a la montaña?

  1.  Mediante la adoración profética. Jesús cantó himnos en la última cena [Mateo 26:30]. Pablo en Efesios 5:19 nos insta a cantar canciones, desde el corazón de Dios hacia nosotros, guiados por el Espíritu, para hablarnos los unos a los otros mediante “salmos” e “himnos”. Todos los servicios de culto deben ser proféticos.

Cuando el culto sube, ¡la gloria de Dios baja!

  1. Manténgase humilde. ¡La sumisión total garantizará la victoria en Jesús! Cuando los servidores son humildes y proveen asimismo a Dios, entonces se cumplen Sus promesas. Tenemos que buscar a Jesús como consejero. Las oraciones no son respondidas con prontitud cuando debemos pasar por el fuego y pagar nuestro precio para poder ver Su gloria. No confiemos en nuestras propias fuerzas. ¡Confiemos en el nombre de Jesús!
  1. Soltar las riendas a Dios. Para crecer como cristiano debes estar en la carrera, tener la actitud correcta, y hacer el esfuerzo adecuado. [Flp 3, 12-13] Busca a Dios en oración. Los apóstoles tenían una hora de oración en el templo todos los días [Hechos 3: 1-4: 31]. Aprender a mover al Espíritu Santo, en lugar de lamentarse. No tenga en cuenta lo pasado, ni lo porvenir [Mateo 06:31]. ¡Aférrese a las promesas de Dios, no dé marcha atrás!

Dios nos llama por el nombre a una misión. Él quiere que vayamos a las naciones a hacer señales, milagros y maravillas en el nombre de Jesús, para que toda la gloria de Dios sea manifestada y las naciones sean salvadas.

Que esta sea su oración de hoy: Amado Espíritu Santo, revélate en mí. Ayúdame a honrarte. Haz señales y maravillas a través de mí,  ¡en el poderoso nombre de Jesús! Amén.