La ubicación es importante

El lugar que elegimos para orar es importante, así como lo es, el conocer el motivo del problema, que hace posible el mismo.

Cuando usted escuche a alguien decir: “Estoy orando por… tal cosa”, ya sea por un trabajo, un compañero o un problema, suena profundo, pero le falta movimiento. ¿Será eso suficiente para encontrar la solución que busca?

He aquí una cruda realidad: si no comprendes el origen del problema, cualquier solución es temporal; porque la hierba que no arranques volverá a crecer.

Pensemos en un jovencito intrépido que intenta nuevos saltos en su bicicleta montañesa. Si se fractura un brazo, sanará; pero serán inevitables más visitas a la sala de emergencias, a menos que él cambie su práctica.

Para hacer avanzar nuestras vidas, debemos buscar al Señor para identificar el punto de gracia.

Cuando Dios hizo la tierra, Él creó diferentes lugares; aunque no todos fueron destinados para el hombre. Creó las aves para dominar el aire y los peces para dominar las aguas; sin embargo, cuando formó al hombre, lo colocó en un jardín.

El hombre no está hecho para dar fruto en todos los ambientes. Intente caminar por el desierto al mediodía. ¡Determinará rápidamente que ese no es su entorno ideal! O simplemente intente cruzar la Antártida en invierno, solo unos pocos minutos en temperaturas subárticas, significarán su desaparición.

Como hijos ungidos, hay entornos en los que prosperaremos; pero también los hay, en que ciertamente nos estancaremos.

Un creyente debe discernir el lugar donde es llamado. Debe revisar su entorno y determinar si el lugar donde se encuentra, traerá el fruto que desea.

Un bebé se encuentra seguro, en el vientre de su madre; pero no puede permanecer allí para siempre. Si se queda, después de nueve meses, su lugar de bendición se convertirá en un grave problema. El bebé necesita confiar en el cuerpo de su madre y dejar ese lugar para sobrevivir.

La naturaleza está llena de este principio. Las plantas mueren lentamente por falta de agua. Las hojas se arrugan, las flores se desvanecen, los pétalos caen y luego mueren; sin embargo, en verdad, murió semanas antes, cuando nos olvidamos de nutrirla con agua o luz solar; lo imprescindible para que su nutrición llegara a sus raíces.

En Ruth, Mahlon y Chilion murieron diez años antes, cuando Elcano decidió abandonar Belén, la Casa del Pan, la tierra donde estaba Dios. ¡Lo que elegimos impacta a nuestras familias! Debemos discernir el lugar donde podemos escuchar la palabra de Dios.

Piense en la vida de Elías: Dios le habló de un hambre que se avecinaba y le prometió provisión (1 Reyes 17: 6) Para poder subsistir, debía considerar todas las instrucciones, para evitar la hambruna. Elías necesitaba ir al lugar donde Dios lo alimentaría con los cuervos.

¿Ya has localizado el lugar que Dios ha preparado para ti?

Queridos amigos, la ubicación importa mucho. Hay un lugar que te destruirá.

El Salmo 1: 1-4 dice: “Bienaventurado el hombre que no camina bajo el consejo de los impíos, ni se opone a los pecadores, ni se sienta en el asiento de los burladores; sino que su deleite está en la ley del SEÑOR, y en su ley él medita día y noche. Es como un árbol plantado en las corrientes de agua, que produce su fruto en su estación, y su hoja no se marchita. Y todo lo que él hace, prosperará”.

Los pecadores tienen su propia manera de hacer las cosas, el consejo de los impíos es lugar de muerte. Salga de ese lugar. Haga una buena elección y deje todo eso atrás.

Un lugar lleno de burladores aplastará su futuro. Evite las personas que se burlan de sus sueños.

Nuestro Señor Jesús, no pudo ministrar milagros en Nazaret debido a la incredulidad de su ciudad natal. Si usted está en un lugar con personas que se burlan de su Dios, huya de ese lugar y conviva con aquellos que veneran al Señor y sus caminos.

La Biblia está llena de personas que aprendieron a prosperar en el lugar que Dios diseñó para ellos.

Abraham fue a la tierra que Dios le mostró, y ha sido conocido para siempre, como el Padre de las Naciones.

Rut tuvo la sabiduría de saber que su bendición estaba ligada a Noemí, y en su permanencia, dio a luz a Obed; quien engendró a Isaí, quien a su vez, engendró a David, el rey del pacto de Judá, de cuyo linaje engendró a Jesucristo.

La ubicación, ya sea un lugar geográfico o una persona, determina su resultado.

En el Nuevo Testamento, algunos fueron ofendidos por las enseñanzas de Jesús y se fueron. Jesús les preguntó a sus doce discípulos: “¿Quieren irse también?” Pero Simón Pedro respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tienes las palabras de vida eterna, y hemos creído, y hemos llegado a saber, que eres el Santo de Dios”(Juan 6: 67-69).

Amados, la ubicación que Dios ha determinado para su hogar traerá favor, gracia y bendición.
¡Encuentre su lugar, eche raíces y florezca!

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