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Disfruta la segunda parte de esta serie de 4 partes sobre el Honor. Sigue este enlace si te perdiste y te gustaría la Parte Uno: “La moneda del Reino para abrir tus puertas”. Suscríbete para recibir esta poderosa palabra directamente en tu buzón. ¡Comparte con tus amigos!

El mundo está inmerso en la búsqueda de progreso. Las promesas de “Sigue adelante” llenan las estanterías de los comercios y en Amazon on line salen frases de prosperidad, con miles de manuales de autoayuda, cursos de liderazgo y estrategias comerciales para llegar al siguiente nivel en los puestos de trabajo; sin embargo, Dios, nuestro Padre, ofrece solo un principio para el ascenso: el Honor.

José, un hijo favorecido de Jacob, aprendió a honrar de la manera más difícil. Después de alardear de su estatus privilegiado, ante sus hermanos, cansados ​​de trabajar; fue empujado fuera del camino, arrojado a un pozo y luego vendido como esclavo. Los madianitas que compraron al joven, lo vendieron a Potifar, un egipcio de alto rango en las cortes de Faraón.

Aunque José recordaba con tristeza la libertad que disfrutaba en la casa de su padre, ahora en Egipto, José tenía que aprender un nuevo lenguaje, uno esencial para sobrevivir.

José nunca hubiera podido avanzar en la casa de Potifar si se hubiera mantenido solamente con su lengua materna. Nunca hubiéramos escuchado la historia de un esclavo convicto, que se convierte en Primer Ministro, si José se niega a aprender el idioma de la tierra donde vive.

No importa cuán ungidos estemos, tenemos que estar conscientes del idioma de la generación que nos rodea. Debemos encontrar la escuela o tutor requerido para cambiar nuestro idioma. ¿Cuál es tu limitación? ¿Has aprendido ya el idioma de la casa donde Dios te ha colocado?

En cuanto José comenzó a tener éxito en la casa de Potifar, llegó un enemigo. En el momento en que te propones honrar y aprender el idioma de la casa donde Dios te ha colocado, te conviertes en un objetivo del enemigo. Una vez que José aprendió el idioma de la casa de Potifar, la esposa lo siguió. Día tras día, ella trató de romper con la reputación que José obtuvo a través de la llave del honor. José había sido honrado en su trabajo, se mantuvo fiel, honró el entorno donde Dios lo puso.

Un espíritu vino a engañar a José para que deshonrara esa casa y se perdiera su bendición. Cada entorno, incluso tu matrimonio, tiene un demonio asignado para deshonrarte y degradarte, para apartarte de las bendiciones que Dios tiene para ti. Cada ministerio, cada nuevo entorno, tiene demonios asignados; los cuales te hacen decir y hacer cosas para perder el favor de Dios. Para apartarte del lugar donde Dios te ha colocado.

Es más fácil honrar y respetar a una persona cuando está cerca, que hacerlo cuando está ausente. En el Jardín del Edén, cuando el Padre estaba fuera, Satanás se acercó a Adán y a Eva y les preguntó: ¿Realmente dijo eso Dios? El enemigo siempre tratará de confundirte. Adán y Eva debían haber reconocido el lenguaje del deshonor, del irrespeto. Debían haber huido de allí.

En el momento que hueles a deshonra, no esperes un segundo; es una trampa. Cuando hay un ambiente de deshonra e irrespeto a tu alrededor, el enemigo acecha. No respires el aire que deshonra lo que Dios está haciendo en tu vida. No puedes ser parte de esa cultura. ¡Aléjate! No puedes entretenerte en un ambiente de deshonra y esperar ser honrado. Aunque trates de adaptarte a su idioma, el lenguaje de Dios debe hablar más fuerte y más alto.

A medida que aprendas un nuevo idioma, cuida no olvidar el lenguaje de Dios. Aprende a estar en el mundo sin dejar que el mundo entre en ti. Si ves que el nuevo idioma y cultura te están corrompiendo, hay peligro. No te corrompas por el idioma que estás aprendiendo. Se como José, quien rechazó a la bella esposa de Potifar, eligiendo la prisión en lugar de deshonrar a quien le había ayudado.

Jesús, al enviar a sus discípulos, dijo: “Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas”. (Mateo 10:16). Sé astuto, no permanezcas en un lugar donde puedas verte comprometido. No te confíes demasiado, los errores más grandes suceden cuando solo confiamos en nosotros mismos. En tu pensamiento, sé astuto; pero en tus acciones, sé como una paloma. Cuando no eres prudente como la serpiente, no responsabilices a Dios por tu sufrimiento.

José, mientras estaba en la cárcel, aprendió también el idioma de su casa y fue ascendido a jefe. Cada casa tiene su propio idioma y cada palacio también. Si no aprendes el lenguaje de la grandeza, serás echado fuera; en lugar de ser bendecido, solo será cuestión de tiempo. Cuánto más rápido aprendas el lenguaje del honor específico para tu entorno, más rápido serás ascendido.

Dos años más tarde, cuando Dios lo permitió; José fue ascendido de esclavo, a Primer Ministro de Egipto, en la primera entrevista con el Faraón.

El honor es la clave de todo avance. ¡Aprende el lenguaje del honor en la casa donde Dios te ha colocado, para que puedas avanzar y ascender hacia Su gloria!