Los Diez Mandamientos enseñan los fundamentos del honor para la humanidad. En esta serie de cuatro partes, el pastor Shyju Mathew desempaqueta los componentes críticos esenciales para vivir una vida honorable. Suscríbete para recibirlo directamente en tu buzón. Comparte con tus amigos. ¡Cambiará sus vidas para bien!

En cualquier ambiente el honor habla en voz alta.

Un mendigo en la calle sabe que un comportamiento honorable le abre puertas para resguardarse. Hasta un millonario en su Porche, independientemente de su estatus o importancia, sabe que debe detenerse para que un niño cruce la calle. Cada entorno necesita de un protocolo de honor para que las personas procedan.

El honor da la debida apreciación que cada persona merece.

Según honres a la persona que Dios haya puesto ante ti, así llegarás al próximo nivel. Las personas no creen que hay puertas espirituales en la vida. No importa cuán educado o rico seas, la vida tiene una forma de garantizar que no puedas entrar a ciertos lugares sin pasar por un determinado individuo. Es posible que un guardia de seguridad no tenga su título, pero ciertamente es designado por alguien para proteger la puerta. ¡Sin someterte a su autoridad, no pasarás!

En el matrimonio, las esposas son designadas para ser ayudantes, pero si un esposo se niega a honrarla, ella se convertirá en una puerta y se cerrará. ¡Somos expertos en comprender a los demás, pero ignoramos a quien Dios nos ha dado para comprender! De la misma manera, a las esposas les puede resultar fácil honrar al policía o al médico, pero cuando llega a casa, puede despreciar al rey de su casa, al de su propio reino. ¿Puedes honrar a quien ves todos los días? ¿Entiendes el lenguaje del honor?

El honor es ordenado por Dios en el cielo.

Cuanto más entendamos ese idioma, con más facilidad avanzaremos. Hay ciertos lugares a donde la oración no puede llevarte, sin embargo; actuar con honor te empujará. Si no crecemos en carácter, la oración no nos ayudará a entrar a los lugares donde Dios quiere llevarnos. Dios puede descalificarnos de una promoción, si no aprendemos a comportarnos con honor en cada entorno.

Gal 4: 1-2 Dice así:
“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre”.

Repasemos la vida de José, en Génesis 37: 5-8: En su juventud, deshonró a sus hermanos. Cuando tuvo su sueño, se lo dijo a sus hermanos, pero no le presentó esta revelación a su padre. Ciertamente, Jacob le habría instado a quedarse callado. Puede que estés muy ungido; pero presta atención, tienes hermanos y hermanas a tu alrededor. No puedes deshonrarlos y esperar pasar inadvertido bajo la mirada de tu Padre.

José hizo alarde a sus hermanos de su bella túnica y del favor del padre, mostrándoles todas estas cosas, antes de que los hermanos estuvieran molestos. Sepa cuándo hablar y cuándo callar. Comprenda el principio de crecer en la oscuridad, de permanecer oculto hasta el momento oportuno, para evitar que la luz que hace crecer su semilla, haga que la semilla se marchite cuando se expone prematuramente.

José, discretamente, podría haberse mantenido humilde y haber mantenido relaciones correctas con sus hermanos. Sin embargo, José no tenía madurez. ¿Por qué hizo alarde de sus bendiciones? ¿Qué esperaba ganar deshonrando a la familia que Dios le había dado?

Debemos honrar a nuestra familia. Hacer lo que es correcto. Dios ordena que cuidemos a las personas que cuidaron de ti, que honremos a nuestros padres, porque entonces seremos bendecidos.

Los hermanos de José le quitaron su túnica y lo arrojaron a un pozo seco. Observa tu vida y considera: ¿Qué te ha traído a este lugar? ¿Por qué tus propios hermanos te echarían de lado? Hay personas que Dios ha puesto en tu vida. No luches contra quien Dios ha designado. Cuanto más rápido entiendas por qué estás sufriendo, más rápido saldrás de ese pozo de lástima. ¿Sabes lo que te pasa? El principio del Reino de Dios es irreversible: nuestro favor está directamente relacionado con el reconocimiento de la autoridad de nuestros amos.

¡Con justicia o no, ten honor!

No importa cuán ungido estés, no puedes deshonrar a tus propios hermanos. Si deshonras a tus hermanos, perderás el favor de tu Padre. Incluso, si son malos para ti, no tienes derecho a ser malo a cambio. Hasta cuando te defiendes, te vuelves como ellos. El truco del enemigo es reducirte a su nivel. Pronto, sé diferente a ellos, para que no pierdas el favor de Dios, o serás arrojado a la basura.

Honra a tus hermanos, y haz que se destaquen más que tú.

Filipenses 2: 3 dice: “Nada hagas por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”…

Aprende el principio del honor para que Dios te muestre su favor. En algún momento, a pesar de todas tus oraciones, no podrás desatar el favor de Dios, si crees que eres mejor que tu hermana o tu hermano.

¡No permitas que el rencor o el dolor te dominen! No descuides el honor, recuerda que es una divisa del cielo. Considera a otros como superiores a ti, aprende protocolos de honor en tu entorno actual y ¡Observa al Señor derramar Su bendición sobre tu vida!