¡Bienvenido, hermano del equipo GTH! Hoy es el Día 4 de nuestra Serie Devocional sobre el Estudio Bíblico del Salmo 106 de nuestro profeta Pastor Shyju Matthew en nuestra iglesia Emmanuel, en  Montreal. Ayer, (Día 3) aprendimos sobre la importancia de la madurez espiritual en Dios, para obtener nuestra bendición. Hoy nos enfocaremos en el crecimiento interno. Esperamos sea bendecido y ¡no olvide compartirlo con amigos!

DÍA 4: ENFOCADOS EN EL CRECIMIENTO INTERNO

Salmo 106: 14-15 “Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto; Y tentaron a Dios en la soledad. Y él les dio lo que pidieron; Mas envió mortandad sobre ellos.”

Una vez, los hebreos fueron absorbidos por un deseo constante. Hay un punto cuando, se siente sed por cualquier cosa, menos por Jesús. HAGA DESAPARECER ESOS DESEOS. ¡Son deseos peligrosos!

Cuando usted desea algo, es absorbido por ese deseo. Ellos pusieron a prueba a Dios en el desierto, lucharon contra Dios porque tenían un antojo.

Ore: Espíritu Santo, ayúdame. Pon a descansar mi corazón.

Usted necesita desear ser parte del viaje. Presencie el gran momento, sea parte del viaje. Dios desea que usted cambie su forma de pensar y se convierta en un verdadero hijo, así como lo hizo Él.

La madurez de un creyente consiste, en cuanto a la confianza en el Señor.

Oremos: Señor, prepara y protege mi corazón.

Los israelitas no deseaban nada peligroso, ni pecaminoso. Ellos solo querían probar algo de carne. Así permitieron que el deseo  los absorbiera, y no pudieran arrepentirse de sus palabras. Ellos olvidaron la gratitud, y cualquier deseo que pase por alto la gratitud, es peligroso.

La falta de gratitud por lo que tenemos, es pecado; incluso si lo que codiciamos es la unción. Pablo nos recuerda, “…cuando intercedas; hazlo con acción de gracias”, porque si pedimos sin agradecimiento, es pecado. Lea Filipenses 4.

Amigo, envuelva sus oraciones con acción de gracias. Ore con gran alabanza, no refunfuñe o se queje. Dios no necesita tu aprobación.

Cualquier deseo que te aleje de Jesús es lascivia. El enemigo puede usar cualquier  buen deseo para envenenar tu corazón, porque el engañador sabe poner buenas trampas. Recuerda cómo le dijo a Eva, el día que comas serás como Él. (Génesis 3) Él usó la trampa del deseo y el mundo entero pagó por ello.

Oremos: Señor, protégeme de deseos que puedan consumirme. Permite que cada uno de nosotros permanezca en gratitud para madurar como hijos e hijas tuyos.

Mañana, aprenderemos cómo vivir con temor de Dios. ¡Bendiciones!