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[Traducción: Inglés]

Queridos amigos, esta es la última parte del blog de la serie “Aprobado por el Cielo” de nuestro hermano Francesco Pagnotta. Estos han sido los post  anteriores:

  1. ¿Dónde buscas tu aprobación?
  2. El pescador de cumplidos.
  3. El espía o fisgón.
  4. Divulgando Secretos

El último mensaje de la serie Aprobado por el Cielo introduce un nuevo personaje llamado

El imán de atención, el supersociable

A continuación se explicará mediante un diálogo, a las personas que suelen manifestarse como un imán de atención:

-¿Cómo fue su viaje a Italia?- expresa una de ellas.

-Oh, fue genial, realmente…

-Ah recuerdo que fue, la vida misma.

-¿Fuiste a Roma?

-Lo hice, fue asombroso y… Para mí fue fantástico, tan hermoso. Yo… estaba tan inspirado.

-Oh, usted debe haber tenido experiencias inolvidables.

-Sí, en realidad, yo… encuentro las pastas mucho más sabrosas después del viaje. ¡Wow, ah, Italia!

-Bueno, fue muy bueno hablar contigo, cuídate. Bendiciones.

-Ciao! Ciao! Jaja, adiós.

-¡Adiós!

Si la siguiente reflexión le parece muy directa y el ejemplo muy adelantado es porque lo escribo para mí mismo.

Mire la conversación anterior: “yo, yo, yo”. No todo tiene que ser acerca de usted. Podría muy   bien disfrutar de alguien que habla acerca de su viaje a Italia, haciendo solo una explicación del  País y en  la mente recordar sus vivencias.

Usted no tiene que compartir sus sentimientos sobre todo, si no se le pregunta. Deje que los demás intercalen su opinión, y cuando la situación lo requiera; entonces, exprese sus ideas y vivencias. No insista en su propio camino simplemente para buscar aprobación.

Las personas pueden  darse a conocer a través del intercambio e interacciones con otros, pero no todo debe divulgarse.

Los demás no necesitan conocer su historia. No todo el mundo tiene deseos o necesidad de escuchar sus sueños y experiencias. A veces la gente simplemente, no está interesada en su opinión.

PIENSE  ANTES  DE HABLAR

Sabemos que los tontos se apresuran a expresar sus opiniones; por lo que en lugar de ser tonto trate de ser inteligente, prudente, intencional y sabio. De hecho, “El corazón del justo piensa para responder, pero la boca de los impíos derrama malas cosas (Proverbios 15:28 ESV).” Por lo tanto,  reflexione antes de hablar.

Estas dos preguntas le ahorrarán un montón de problemas:

Es útil lo que voy a decir. Debe preguntarse: ¿Esta información será capaz de elevar, animar o motivar a la otra persona?

¿Es necesaria? ¿Lo que voy a decir va a añadir profundidad a la conversación?, ¿traerá sabiduría y perspicacia?, ¿la gente lo querrá oír?

El supersociable quiere ser reconocido a los ojos de los demás. Pero ya sabemos que somos la niña de los ojos de Dios, por lo que realmente no debe importarnos, si ante los ojos de los  demás, seamos bien  estimados o no.

ERES MÁS

Las personas inseguras se súper socializan para parecer interesantes o bien informadas.

Este tipo de personas actúan así, porque en el fondo tienen una valoración baja de sí misma.

Muy pocas personas son conscientes de la diferencia entre “nuestras experiencias” y “nosotros mismos”. No nos definimos por nuestros gustos o disgustos, sino que la presencia de Dios en nuestras vidas es quien nos define.

Cuando podemos distinguir que nuestra identidad depende de Dios, viviremos en paz. Cuando esto sucede no vamos a sentir la necesidad de demostrar a los demás nuestras competencias y por tanto, podremos ser mejores oyentes. Proverbios 17:28 “ Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido” (Reina Valera)

Es posible que queramos hablar de todo nuestro ser; pero cuando elegimos permanecer en silencio,  es cuando se aprende más, no sólo acerca de la otra persona, sino de nosotros mismos.

 Compararse y competir

Las personas inseguras son muy conscientes de sus propios defectos y buscan esos defectos u otros, en otras personas. Ellos se comparan continuamente con otros, con el fin de medir su propia dignidad o valor. Se dicen: “Al menos no soy tan inseguro, como ese tipo”

Esta necesidad de aprobación de algunas personas se manifiesta a través del egocentrismo en las conversaciones. Muchas veces la persona sólo habla de sí misma, o corta la intervención de otras. Siempre tienen una historia personal que consideran importante, o intervienen si  conocen acerca de cierto tema.

Esto surge de una necesidad de hacerse notar. Una vez más, esta mentalidad se deriva de no saber quiénes somos en Cristo.

La niña de sus ojos

Dios siempre tiene sus ojos puestos en nosotros. Es muy preocupado con lo que vivimos, decimos o experimentamos. Somos una creación maravillosa de sus manos y Él nos encuentra preciosos a sus ojos. Él ha puesto cada uno de los cabellos de nuestra cabeza y nos promete hacernos prosperar. Somos amados. Él no está impresionado por nuestro conocimiento, lo que hemos hecho, o lo que sabemos. Ha estado allí en cada paso del camino… Él conoce todo acerca de nosotros antes de que naciéramos. Cuanto antes acepta, Su regalo de amor, para el cual, no tenemos que hacer absolutamente nada, para merecerlo, más pronto vamos a dejar de intentar impresionar a los demás.

Después de ello, podemos centrarnos en ser lo que Dios dice que somos, y podremos comprobar que nuestras vidas serán conducidas a una nueva temporada donde la bondad de Dios se manifieste.

 EL PROCESO

Puedo hablar por mí mismo. Ha sido un proceso que aún está en curso. Me autocontrolo  para reprender cada pensamiento negativo y pensar antes de hablar. Cada vez me doy cuenta más y más de mis deslices.  Observo las situaciones en las que estoy propenso a buscar cumplidos, a espiar, o a revelar información. Trato de evitar por completo y le pido al Espíritu Santo que me ayude a mantener mi lengua en su lugar.

Con el fin de evitar las comparaciones o la necesidad de ser aprobado, continuamente renuevo mi mente para pensar  en lo que Dios piensa de mí. Lo hago mientras paso tiempo a solas con Él leyendo Su Palabra. Estoy aprendiendo cada día más quién soy, mientras guardo silencio, escucho a los demás y amo a Dios.

La sabiduría comienza por un temor reverencial a Dios.

Por lo tanto, he terminado con la definición de mí mismo. Es hora de que el gran Yo Soy me lleve a la plenitud de lo que Él  espera de mí, mediante el propósito que Él  tiene para mi vida.

¿Ha sido usted bendecido con esta reflexión y las anteriores?

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