Cuando comenzamos una relación con Dios nos vamos manifestando como Abraham lo hizo. Si usted tuviera que matar a un gigante, ¿qué cualidad sería la más importante: su tamaño, su armadura, su arma o su revelación? Para obtener la respuesta, preste atención a Abraham, recuerde que eres de su misma talla. Isaías 51: 1 NVI

Cuando Dios llamó a Abraham, le dijo: “Deja tu país, tu familia y tus parientes y ve a la tierra que yo te mostraré”. Gen 12: 1 CEV

Dios no le dijo a Abraham a dónde lo llevaba. Nunca se le dice a un sirviente cuál es la agenda. Abraham simplemente obedeció a Dios, porque él era un siervo fiel.

Muchos creyentes siguen a Dios por vista, no por fe. Hay un lugar donde usted no necesita ver con sus ojos físicos para confirmar lo que sabe su espíritu. Por ello, cuando se adquiere madurez espiritual, no se necesita presencia física para saber que Dios es fiel.

A partir de ese punto de madurez espiritual, Abraham siguió a Dios, por fe.

Cuando se camina con Dios, esa relación se va fortaleciendo de etapa en etapa. En ese punto de madurez, Dios comienza a estudiarlo y a observarlo.

Amigo, advierta que Dios le está observando.

Abraham libró muchas batallas desde Canaán hasta Egipto, conflictos difíciles que no pudo evitar.

Muchas personas, cuando se enfrentan a una batalla, cuestionan a Dios. Al salir de Egipto, los israelitas eran tan frágiles espiritualmente, que Dios los hizo andar en círculos para prepararlos; en lugar de conducir a toda la nación directamente a la batalla. Dios sabía que si peleaban alguna batalla, elegirían la esclavitud y regresarían a Egipto; por lo que se les sumarían más décadas de esclavitud, al no confiar en su bondad.

Dios no podía depender de ese tipo de personas. ¡Ellos querían sus bendiciones en bandeja de plata y algunos en bandeja de oro! A lo largo de su viaje, los ex esclavos israelitas siguieron exigiendo bendiciones sin luchar y sin confiar. Ellos no sabían que sus bendiciones estaban siendo administradas, realmente, por gigantes.

Es posible que usted no tenga la capacidad de administrar las bendiciones que Dios ha guardado para usted. ¡Sus bendiciones pueden ser más grandes y pesadas de lo que usted puede cargar!

Mientras esperaba que los israelitas se prepararan, Dios ordenó con misericordia y sabiduría que los gigantes cuidaran uvas más grandes que pelotas de béisbol, en ramas más gruesas que el agarre de un hombre. Sin embargo, personas con poca previsión, prestaron mayor atención a los gigantes y murmuraron: “¡Parecíamos saltamontes!” Núm. 13:33.

En lugar de confiar en Dios y celebrar las enormes bendiciones, los israelitas clamaron a Dios para reducir las bendiciones a su tamaño. Sus obstinadas limitaciones autoimpuestas redujeron a los israelitas a 40 años de dolor y juicio. Dios respondió que no podía confiar en personas que preferían estar encadenadas, en lugar de aumentar su capacidad para recibir el tipo de bendiciones que Él había preparado. ¡Qué tragedia!

¿Qué hace usted cuando la bendición que Dios le ha preparado es más grande que su posición espiritual actual?

Para tener autodominio, usted debe aprender el arte de la guerra. No hay dominio, sin batallas. Ya se trate de su matrimonio, de sus finanzas o de su ministerio; no existen áreas en las que usted pueda obtener una victoria, sin antes aprender a luchar contra los gigantes que guardan su bendición.

Jesús dijo: “Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, a menos que primero lo ate”. Marcos 3:27. Una bendición grande debe ser custodiada por un hombre fuerte. Aunque hoy usted no se sienta fuerte como un gigante, ¡Dios le enseñará cómo vencer al hombre fuerte!

Escuche con atención: Un hombre no se convierte en vencedor por desarrollar más músculos que el año pasado. Se convierte en vencedor, cuando vence al hombre fuerte.

David no venció al gigante Goliat al crecer 15 pies de altura, sino al encontrar la piedra correcta y ponerla en la honda correcta. Además, aprendió el arte de balancear correctamente la honda para la aceleración perfecta, hasta señalar el punto vulnerable de su enemigo para derribarlo.

Quizás algunos de ustedes se habrán agotado y desesperado, al mirar a los gigantes frente a ustedes y se habrán preguntando: “Señor, ¿cuántas décadas pasarán antes de que crezca tanto como mis gigantes?”

Pregunta equivocada. ¡Usted no necesita crecer tan alto como su gigante! Cuando el Espíritu de Dios venga sobre usted como vino sobre David: ¡Usted derribará lo que sus generaciones anteriores no pudieron vencer!

En este asunto, la grandeza no tiene relación con tomar esteroides, ni requiere la ruta que otros han tomado. La grandeza requiere que aumente su comprensión de lo que es posible con Dios.

Cuando Abraham comenzó a alinearse con el propósito de Dios, comenzó a percibir situaciones a través del Dios Todopoderoso.

Abraham se dio cuenta de algo: “No necesito hacer las cosas como solía hacerlas mi padre. Me desconectaré de las limitaciones de mis generaciones y me conectaré al dominio del Dios a quien sirvo. ¡Y no habrá batalla que no pueda ganar!”

Con Dios, no se pierde ninguna batalla.

La revelación de Dios en su vida puede limitarle o hacerle ganar. Durante toda su vida, haga las paces consigo mismo, usted tendrá que luchar contra las personas que no comparten su revelación de Dios Todopoderoso.

Las personas, al igual que sus seres queridos, desafiarán su propósito; porque no conocen su realidad, ni ven lo que usted ve; porque no pueden ver con sus ojos, ni escuchar lo que usted escucha.

Manténgase fiel al Dios que le ama. ¡Nada le impedirá avanzar!

¡Dios le está guiando a su tierra prometida! ¡Sus bendiciones gigantes están esperando! ¡Como su padre Abraham, agárrese a la revelación de su Dios y marche hacia adelante!