Aquí está la tercera parte de nuestra serie de 4 partes sobre el honor. Si desea leer las dos primeras partes, haga clic en los enlaces. Parte uno: La divisa del Reino que abre todas las puertas y Parte 2: El lenguaje para ascender . Por favor comparte con tus amigos. Suscríbete para recibir este blog directamente a tu buzón! ¿Alguna vez has aprobado una prueba que esperabas fallar?

Una vez, fui con un pastor amigo a un laboratorio de cosméticos en Singapur para una prueba de piel. Cuando examinaron a mi amigo, el técnico informó que su piel estaba realmente dañada. A partir de ese día, este pastor cuidaba su piel como nadie. Yo recuerdo que pensé: “Debería cuidar mi piel como él”, cuando recordé que el técnico había informado que su piel estaba dañada. Cuando llegó mi turno para examinarme, me sentí algo preocupado; pero para mi sorpresa y alivio, ¡me informaron que mi piel estaba sana! Aunque no entendí cómo una máquina puede informarme sobre el estado de mi piel, sabía quién era el responsable de estas buenas noticias. Mi bella esposa, la pastora Tiny, había invertido mucho tiempo y dedicación en una amplia gama de productos para el cuidado de la piel. Sin ella saberlo, cada día cuando yo me lavaba la cara, abría nuestro armario y jugaba a la ruleta con los colores de las cremas. Yo ​​usaba cualquiera de las que ella, amablemente, había colocado allí. ¡Había disfrutado de la gracia de alguien con quien estaba viviendo y mi piel acababa de probarlo! Piensa ahora en la historia de Daniel: Daniel 1: 17-21,  A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueño. Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor. El rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos; otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Así, pues, estuvieron delante del rey, en todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino. Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro.

Esta historia comienza, cuando Nabucodonosor invadió Jerusalén; Daniel, un joven noble, fue capturado y enviado a Babilonia junto con muchos jóvenes israelitas. Todos ellos adoraron al mismo Dios de Israel, cuando entraron al concurso para unirse al palacio; sin embargo, solo Daniel y sus tres amigos fueron los promovidos. Muchos de los otros judíos sufrieron, pero estos cuatros no lo hicieron.

¿Por qué? A veces simpatizas con algunas personas y aunque sepas que no están en el camino correcto, permaneces junto a ellas. Después no entendemos por qué sufrimos; sin embargo, solamente al pensar similar a aquellos a quienes hemos elegido como compañeros equivocados, sufriremos igual que ellos. Si te rodeas de hijos de excelencia, con ideas afines como Daniel, pensarás diferente, actuarás diferente y tu vida será diferente al mundo de hoy, que está lleno de odio y de dolor. Si Daniel viviera en estos tiempos, habría sido un hombre de oración, en lugar de perder tanto tiempo conectado en línea. Hubiera escogido la ensalada, en lugar de ordenar papas fritas, con la intención de elegir una vida saludable. Hablaría amablemente a las personas puestas en su vida. Si salieras con él, lentamente comenzarías a imitar sus hábitos de excelencia; y esa imitación se convertiría en tu bendición. Algunas personas no entienden por qué disfrutan de cierta gracia. Se preguntan qué está pasando en sus vidas. No obstante, si se sientan día tras día, a los pies de alguien que ha invertido en la excelencia; llegará un día, cuando se realicen las pruebas, que brillarán mejor que los demás a su alrededor. Nuestro ADN espiritual desarrolla músculos en un cuerpo cubierto de gracia, que, en el día de la prueba, pasará con altas calificaciones. En parte, esto se debe a quién elegiste para hacer tu vida. ¡A quién Dios designó para ti! Este joven de excelencia, Daniel, reconoció que es Dios quien establece los reyes. Nabucodonosor era un rey feroz, pero Dios lo había establecido. Si Daniel no hubiera reconocido la autoridad de su rey, ni el eunuco que el rey había colocado sobre él, o incluso la guardia principal del palacio, Daniel podría haber perecido. Hay autoridades puestas sobre ti en la vida. Debes entender que, aunque no sean creyentes, Dios los colocó allí. Honra a quien debas honrar. La Biblia dice que cada persona está sujeta de acuerdo a las autoridades gubernamentales. Ya sea el Primer Ministro Trudeau o el Presidente Trump, no hay nadie que tenga autoridad sin Dios. Daniel entendió que para tener éxito, tenía que estar sujeto a las autoridades de su gobierno;  porque cuando te sometes a alguien con autoridad, no te sometes al hombre, sino a Dios.

Cuando aprendas a honrar la autoridad, Dios puede llevarte a un lugar de autoridad; pero si ahora, no puedes respetar la autoridad, cuando llegues a esa posición que codicias, la deshonrarás. La prueba para tu preparación, es cómo honras ahora, a los que están en autoridad.

Romanos 13: 1-4 Porque no hay autoridad excepto de Dios, y los que existen han sido instituidos por Dios. Por lo tanto, quien se resiste a las autoridades, se resiste a lo que Dios ha designado y los que se resisten incurrirán en juicio. Porque los gobernantes no desprecian la buena conducta, sino la mala. ¿No temes al que está en autoridad? Luego haz lo que es bueno y recibirás su aprobación, porque él es el siervo de Dios para tu bien. La autoridad debe ser honrada ya sea que los líderes sean justos, amables,  providentes o mezquinos. Pablo nos exhortó a estar sujetos a aquellos a quienes gobiernan; y como creyentes, nuestra posición es bendecir. Siempre debemos hacer lo que es bueno.

En el trabajo, tu jefe te aprobará si lo haces bien. Tu profesor premiará tu trabajo duro, con buenas notas. De la misma manera, Dios usará a la gente para elevarnos; si como Daniel, vivimos en excelencia y nos sometemos a nuestras autoridades.

Nuestro mayor ejemplo de honor es nuestro Señor Jesús. Lucas 2:52 declara que Jesús creció en sabiduría y en estatura, en el favor de Dios y de todas las personas. Jesús aprendió a honrar a sus autoridades. No era suficiente honrar a su Padre en el cielo, aprendió a honrar a las personas nombradas por Dios sobre su vida; y así Él, creció en estatura y en favor ante todos. Aquí hay algunas preguntas rápidas para comprobar si sabes honrar a las autoridades:
  1. ¿Te resistes a la autoridad cuando te corrigen?
  2. ¿Son tus pensamientos honorables a tus hermanos que Dios te ha dado?
  3. ¿Te atrae la grandeza? (¿Cómo se ve eso en un sábado por la noche?)
  4. ¿Cómo bendices a las autoridades sobre ti: a tu jefe, a tus padres, a tus maestros, a tus pastores?
  5. ¿Tu vida refleja el honor en tus palabras, hechos y pensamientos?
  6. ¿Cuál es tu plan para seguir creciendo en estas áreas? ¡Pregúntale al Espíritu Santo!
Amados, es una alegría caminar con ustedes este viaje.

¡Qué Su cercanía sea nuestra grandeza!

¡Que podamos honrar a aquellos que Dios ha designado sobre nuestra vida!

¡Que seamos una generación de Daniel, llena de excelencia, autoridad y gracia para la gloria de nuestro Dios!